Ciudadanos prefieren plataformas como Uber o DiDi por seguridad, trazabilidad y costos más accesibles.
Querétaro, Qro.– Optar por un taxi tradicional tras una salida nocturna en Querétaro puede representar un gasto considerablemente mayor que utilizar plataformas digitales como Uber, DiDi o QROTaxi.
Aunque muchos ciudadanos dejan su vehículo en casa para evitar riesgos al volante después de una noche de fiesta, el alto costo de los taxis convencionales sigue siendo un factor que influye en la decisión de transporte.
La tarifa mínima establecida para los taxis amarillos en la ciudad es de 25 pesos, lo que cubre hasta 1.5 kilómetros o 4.5 minutos. A partir de ahí, el cobro por kilómetro puede superar los 7 pesos, dependiendo de la distancia y el tiempo. En trayectos comunes —como los que van de zonas de antros a zonas habitacionales, de entre 5 y 7 kilómetros— el costo puede alcanzar entre 80 y 100 pesos, o más si hay tráfico o si el conductor cobra sin taxímetro.
En contraste, los servicios por aplicación ofrecen tarifas más competitivas. Usuarios reportan que el mismo recorrido puede costar entre 40 y 70 pesos a través de plataformas como Uber o DiDi. Además, estos servicios ofrecen una tarifa estimada desde el momento en que se solicita el viaje, lo que brinda mayor certeza al usuario.
Aunque no se ha autorizado ningún incremento en las tarifas oficiales de los taxis tradicionales, ciudadanos han denunciado cobros irregulares y la omisión del uso del taxímetro, especialmente durante la noche y fines de semana.
La Agencia de Movilidad del Estado de Querétaro (AMEQ) ha reiterado que no se han aprobado aumentos, aunque reconoce que no todos los choferes cumplen con las condiciones establecidas.
En este contexto, cada vez más queretanos optan por las plataformas digitales como una alternativa más segura y económica. Más allá del precio, destacan la trazabilidad del viaje, la posibilidad de compartir la ruta en tiempo real y la certeza de saber cuánto se pagará desde el inicio.
Tomar un taxi tras una noche de fiesta no solo es una medida de seguridad personal, sino también de responsabilidad social. Sin embargo, acceder a un servicio justo, regulado y con tarifas claras sigue siendo un desafío para quienes aún recurren al sistema tradicional.




