Los tamales de Arteaga, toda una tradición en Querétaro

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Desde muy temprano, familias enteras hacen fila para cumplir con una de las tradiciones más arraigadas, esa que desafía cualquier dieta y celebra la convivencia.

Cada 2 de febrero, la calle de Arteaga, en el Centro Histórico de Querétaro, se transforma en el epicentro del Día de la Candelaria. El aroma inconfundible de los tamales invade el ambiente y marca el reencuentro de familias y amigos que cumplen con la promesa hecha semanas atrás, cuando apareció el Niño Dios en la rosca de Reyes.

En esta emblemática calle, al menos cinco establecimientos se especializan en la elaboración y venta de tamales, con una amplia variedad de sabores. Destaca una de las sucursales de La Congregación, con cerca de dos décadas de tradición en la zona. Su oferta incluye tamales dulces de guayaba con pasas y zarzamora con queso crema, además de los clásicos verdes y rojos, rellenos de carne, pollo o queso. También se preparan tamales oaxaqueños, aunque en menor cantidad debido a su proceso más elaborado, mismos que se agotaron antes del mediodía.

En el patio central de una antigua casona, una gran mesa rectangular sostenía al menos seis ollas vaporeras. Cada vez que los vendedores levantaban las tapas y retiraban las bolsas térmicas, el vapor liberaba el característico olor de la masa cocida, atrayendo a comensales de todas las edades.

Así, entre sabores y recuerdos, Querétaro volvió a rendir homenaje a una costumbre que trasciende el simple cumplimiento de una promesa y se mantiene como un símbolo de unión, identidad y convivencia familiar.

Santiago Soto | Círculo Noticias

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