La generación Z cambia la forma de divertirse, aunque persisten riesgos en salud pública.
Querétaro, Qro.- La generación Z —jóvenes nacidos entre 1997 y 2012— está transformando la manera de socializar. Para muchos, las reuniones ya no se centran en consumir grandes cantidades de alcohol, sino en buscar experiencias distintas: bebidas sin alcohol o de baja graduación, espacios visualmente atractivos, actividades tranquilas y planes que no necesariamente comienzan con un “shot”.
A pesar de esta tendencia, los datos muestran que el consumo de alcohol entre adolescentes sigue siendo significativo. De acuerdo con la ENSANUT 2022, cerca del 20 por ciento —uno de cada cinco— reportó haber ingerido alcohol recientemente, mientras que casi 14 por ciento registró episodios de consumo excesivo en el último año. Aunque no representan la mayoría, sí constituyen una proporción importante que mantiene esta práctica, aunque con patrones diferentes.
El tabaco también permanece presente, pero con un cambio notable en su forma: el vapeo. Según la misma encuesta, uno de cada siete adolescentes fuma, cifra que se ha mantenido relativamente estable en la última década. El uso de dispositivos electrónicos para inhalar nicotina —percibidos erróneamente como menos dañinos— ha desplazado al cigarro tradicional en buena parte de la población joven.
El panorama se completa con un aumento en el consumo de marihuana entre adolescentes, fenómeno que especialistas atribuyen a una mayor disponibilidad, normalización social y percepción de bajo riesgo.
Las autoridades sanitarias han insistido en reforzar estrategias de prevención y educación, alertando que, aunque la generación Z bebe menos, los nuevos patrones de consumo no están exentos de riesgos para la salud física y mental.




