Entre retablos dorados, arte sacro y un histórico reloj de tres carátulas, esta maravilla del siglo XVIII sigue siendo un referente espiritual y cultural.
El Templo de Santa Rosa de Viterbo es, sin duda, una de las maravillas arquitectónicas más emblemáticas de Querétaro. Esta joya del barroco mexicano del siglo XVIII deslumbra a visitantes y queretanos por igual con su diseño único, sus detalles artísticos de gran riqueza y su profundo valor histórico y espiritual.
Su fachada, adornada con influencias árabes y manieristas, es una muestra de la fusión estilística que caracteriza al arte colonial novohispano. En su campanario se encuentra uno de sus tesoros más singulares: el primer reloj de tres carátulas en América, un símbolo de innovación técnica en su tiempo.
El interior del templo es igualmente majestuoso. Cinco retablos bañados en oro capturan la mirada y el asombro, mientras que su púlpito, elaborado con maderas preciosas, marfil y carey, es una muestra del refinamiento artístico de la época. A ello se suma un órgano del siglo XVIII que aún se conserva, así como la capilla del Santísimo, que complementa la atmósfera devocional del lugar.
Entre las obras de arte sacro que embellecen sus muros, destacan dos piezas notables: el retrato del capitán Velázquez de Lorea, obra del afamado pintor Miguel Cabrera, y el de Sor Ana María de San Francisco y Neve, atribuido a José Páez, considerado uno de los retratos más hermosos de una monja en la historia del arte virreinal.
A un costado del templo se encuentra el antiguo convento, actualmente sede del Instituto Queretano de la Cultura y las Artes, un espacio restaurado que hoy alberga actividades culturales, talleres y exposiciones. De esta manera, Santa Rosa de Viterbo no solo preserva la riqueza artística y espiritual del pasado, sino que sigue viva como un epicentro cultural imprescindible de Querétaro.



